Entre finales del siglo XIX y principios del XX, el transporte de jornaleros rifeños y guelayenses hasta Argelia, se convirtió en un lucrativo negocio para las navieras, principalmente francesas, que operaban tocando el puerto de Melilla y del que ha escrito Francisco Saro en un interesante artículo de su blog: .http://franciscosarogandarillasmispagin.blogspot.com.es/2011/09/rifenos-en-melilla-la-emigracion.html
Por mi parte me centraré en un grave suceso ocurrido en julio 1886 en uno de los vapores que cubría dicho tráfico, el Rosaire, y que recoge El Correo Militar del 29 de ese mes y año.
El Rosaire, proveniente de Orán con 400 jornaleros marroquíes y destino a Melilla, Alhucemas, Tánger y Larache, fondeó en la rada de Melilla el día 16 de julio con una avería en las máquinas que a juicio de su capitán, Pagés, de la marina mercante francesa, le imposibilitaba a seguir el viaje programado. Ese día se desembarcaron a los cerca de 200 pasajeros que venía para los alrededores de Melilla y Alhucemas, mientras que al resto se le ofreció la oportunidad de desembarcar a costa de la naviera en Melilla, a lo que había accedido el brigadier Macias, gobernador de la ciudad, y esperar allí a que el barco marchase a Orán a reparar y volviera a recogerlos para proseguir su ruta. Los pasajeros creyeron ver en todo esto un intento de estafa y organizaron un tumulto que degeneró en motín, haciéndose con el control del buque tras encerrar a la tripulación en una bodega y con la pretensión de obligar al capitán a levar anclas y continuar viaje.
Pagés pudo comunicar a las autoridades melillense lo que estaba ocurriendo y estas enviaron botes con marineros de la Compañía de Mar y soldados para hacerse con el Rosaire. Cuando el primero de los botes se acercaba al costado del vapor, los amotinados lo recibieron arrojándoles trozos del carbón piedra del utilizado como combustible de las calderas y llegó a sonar algún disparo de revolver que hirió a un par de soldados por lo que se respondió al fuego muriendo uno de los amotinados. Dispuesto el abordaje tuvo que suspenderse ante los ruegos del capitán Pagés que veía peligrar su vida y la de su tripulación si se llevaba este a cabo.
El vapor quedó rodeado por los botes armados españoles y se alistó una batería de la plaza para hundirlo si los amotinados cumplían su amenaza de degollar a los tripulantes del barco.
Las autoridades melillenses requirieron al bajá del campo marroquí para que enviara un emisario a parlamentar con los amotinados. Este emisario pudo embarcar y convencer a parte del pasaje de la necesidad de abandonarlo para que fuera a reparar. Cuando estos pasajeros iban a desembarcar el resto de amotinados lo impidió por lo que se generó un tumulto en el barco que fue aprovechado por las tropas para abordarlo encabezadas por el coronel del 1º batallón del regimiento de Otumba, Enrique Rodríguez, que revolver en mano y seguido por sus hombres logró tomar el castillo de popa desde donde se dominaba la cubierta y ante la amenaza de abrir fuego desde allí contra los amotinados, estos se rindieron.
Reducidos los amotinados, se procedió al desembarco del pasaje que quedadon a cargo del bajá marroquí salvo 14 de los cabecillas del motín que fueron encarcelados en Melilla.
El día 19 llegó a la rada el vapor Espoir que tomó a bordo a los pasajeros del Rosaire llevándolos hacia el puerto de Tánger.
A pesar de los continuos roces que tenían con los melillenses, las cabilas fronterizas se sintieron traicionadas por las autoridades de la ciudad al ponerse estas de parte del capitán del Rosaire por lo que los más exaltados quisieron aprovechar el suceso para declarar la guerra a la plaza pero no consiguieron su objetivo.










