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EL FALUCHO PANTERA Y LA VIGILANCIA EN LAS AGUAS RIFEÑAS.


 Para misiones de vigilancia costera y represión del contrabando, la Armada dispuso durante buena parte del siglo XIX de faluchos de guerra. Estas embarcaciones podían tener una eslora de unos 25 metros y arbolaban un mástil central para vela latina, una mesana también latina y foques. Su tripulación rondaba los cincuenta hombres y su armamento principal la constituía un cañón de hasta 12 libras montado en crujía sobre un aparejo de coliza que le permitía girar para ambas bandas. 
El falucho Pantera  formaba parte de estas fuerzas  guardacostas  en la década de 1850. Su comandante era el alférez de navío Nicolás Marato y estaba destinado a la vigilancia y resguardo fiscal de las aguas de la provincia de Málaga. Sus misiones principales era la represión del contrabando de tabaco como en octubre de 1854 cuando capturó una barca con 26 fardos de tabaco.
El estado de guerra casi permanente que se vivía con las cabilas del norte de Marruecos era causa de continuos incidentes marítimos en lo que los cárabos rifeños no dudaban en atacar a los buques tanto españoles como de otras nacionalidades que quedaban encalmados frente a la costa marroquí. Para poner fin a este estado de cosas, el gobierno decidió enviar un buque de guerra a dichas aguas como medida disuasoria ante los ataques de los cárabos. 

MAQUETA DE UN FALUCHO.

El buque elegido para esta misión fue el falucho Pantera que en mayo de 1855 recibió órdenes de proceder a Melilla para desde allí iniciar sus patrullas de vigilancia entre las posesiones españolas en la costa norteafricana. Rápidamente, la misión del Pantera paso de la vigilancia al ataque al tráfico costero norteafricano  que no podía evitar pasar a la vista de las posesiones españolas. En julio hizo dos importantes capturas de cárabos en las aguas cercanas al Peñón de Vélez. Uno llevaba un cargamento de lencería, armas y otros efectos con 17 personas entre tripulantes y pasajeros. El otro cárabo llevaba un cargamento de armas, balas de espingarda y efectos con 21 personas entre tripulantes y pasajeros. Las embarcaciones, carga y tripulantes fueron entregados en Melilla al gobernador Manuel Buceta.
Estas y otras aprehensiones de cárabos llevaron la alarma al campo marroquí que puso sus miras en la destrucción del Pantera. La ocasión se les presentó en septiembre cuando el falucho tuvo que capear un temporal de levante fondeado al resguardo de la punta de la Florentina. Los guelayenses instalaron un cañón en San Lorenzo y abrieron fuego contra el buque, lo que obligó al gobernador Buceta a organizar una salida de la guarnición, a la que se unieron Nicolás Maroto y su tripulación, para ir a neutralizar el cañón, cosa que lograron antes de que pudiera hundir el falucho. 



EL PUERTO DE MELILLA EN EL SIGLO XIX SEGÚN LA MAQUETA QUE PODEMOS VER EN EL MUSEO DE LAS PEÑUELAS


Las acciones del Pantera fueron secundadas por otros dos faluchos: El Caimán, comandado por Francisco Acedo, y el Dorado, comandado por Francisco Vignen. Las capturas efectuadas por estos faluchos se remitían a Melilla y quedaban bajo custodia del gobernador.
Estas embarcaciones también realizaban otros servicios como el transporte de correo oficial o de pasajeros cuando eran requeridos para ello. En julio de 1856 y con motivo del canje de prisioneros guelayenses por la tripulación del falucho correo San Joaquín, que embarrancó debido a un temporal de levante en  lo que hoy conocemos como la playa del Hipódromo, el Pantera fue el encargado de conducir a dichos prisioneros musulmanes a Tánger para entregarlos a las autoridades marroquíes. 
Igualmente, estas embarcaciones apoyaban las salidas de la guarnición de Melilla como en noviembre de 1855 cuando al mando del general Prim las tropas de Melilla atacaron Cabrerizas. El falucho Pantera y el vapor de guerra Castilla se posicionaron frente a la desembocadura del río Oro para cubrir con sus cañones la vega e impedir que los guelayenses pudieran cruzar el río y atacar el flanco de las columnas españolas.


FALUCHO NAVEGANDO CON FOQUES Y MESANA DESPLEGADAS Y MAYOR RECOGIDA.



Pese a que los faluchos guardacostas eran superiores a los cárabos, alguna vez se vieron en situaciones apuradas como en septiembre de 1859 en que el Pantera se vio acometido por una barca y cuatro cárabos en aguas de Bocoya y tuvo que defenderse a cañonazos para evitar su abordaje. Finalmente y tras once disparos de cañón, los atacantes se dieron a la fuga.
Años más tarde, para las labores de vigilancia de las costas rifeñas se enviaron lanchas cañoneras a vapor como la Cocodrilo y la Cuervo, que también corrieron sus aventuras en estas aguas norteafricanas.


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