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EL ATAQUE AL MARÍA PIA. MAYO 1918.


En mayo de 1918, cuando la Primera Guerra Mundial se acercaba a su final, Melilla fue testigo del ataque a cañón de un vapor italiano de nombre María Pía por un submarino alemán. Se da la circunstancia que el buque había embarcado pasajeros en nuestro puerto horas antes del ataque.  
El María Pía estaba al mando del capitán Francesco Coppano y su tripulación la componían trece hombres. Arribó el día 21 a Melilla a recoger pasaje para Orán. En total viajaban 190 marroquíes y 24 españoles, la mayoría residentes en Argelia. El comerciante melillense Antonio Juliá viajaba también en dicho buque acompañado de su hermana para ir a contraer matrimonio en Orán con una joven de esa ciudad. Al caer la noche salió el María Pía con rumbo a Orán  navegando sin luces por miedo a los submarinos alemanes que operaban por la zona, de hecho, El Telegrama del Rif informó de que unos pescadores habían entablado contacto con un submarino que emergió en las cercanías de Alborán unos días antes.
Sobre las once de la noche un submarino que navegaba en superficie disparó dos cañonazos a proa del buque italiano. Según los testigos el buque paró máquinas pero recibió un tercer disparo que impactó en el puente, destruyendo el camarote del capitán. Tanto el capitán como un fogonero murieron de las heridas producidas por el impacto del proyectil.


LA NOTICIA DEL ATAQUE AL MARÍA PÍA EN "LA UNIÓN ILUSTRADA" DE MÁLAGA

Este cañonazo hizo que en el buque se desatara el pánico y tanto tripulantes como pasajeros pugnaron por un plaza en el único bote salvavidas que quedaba. El segundo de abordo intentó poner orden pero fue imposible. El bote se arrió tan cargado de personal que se hundió nada más tocar el mar. A esto, el submarino se acercó al María Pía y ante los gritos en español de los pasajeros y pasajeras que les rogaban que cesaran el fuego ya que eran españoles, el Comandante del mismo les  prometió que pediría auxilio para el buque a Melilla.
Mientras tanto, en Melilla, el Vigía de Mar, funcionario encargado de dar avisos de llegadas de buques o incidencias marítimas, comunicó con las autoridades que hacia levante de la ciudad se veían fogonazos y se escuchaban estampidos de cañones. Después se vieron en las cercanías de la ciudad cohetes de socorro y se recibió un mensaje por telegrafía en el que se solicitaba asistencia para el buque María Pía que tenía heridos a bordo y que se encontraba a unas catorce millas a levante de la ciudad. Este mensaje debió enviarlo el submarino que se había hecho cargo de cinco de las personas que saltaron al mar desde el barco italiano y que posteriormente entregó a dos barcas pesqueras para que los condujeran a Melilla.
En Melilla se movilizaron la lancha a motor de la Sociedad de Salvamento de Náufragos, al mando de Jacobo Gener, 2º Comandante de Marina  y una lancha de la Comandancia General al mando del teniente Morán de la Compañía de Mar que partieron a las cuatro de la madrugada en rescate del buque atacado.
Una hora más tarde, el vapor de Trasmediterránea, Gandía, salió en apoyo de las lanchas de rescate. Las lanchas llegaron sin novedad, a pesar del levante que arreciaba, al costado del María Pía que se encontraba al garete. Se decidió recoger primero a los pasajeros españoles, entre los que había un fallecido José Hernández y  dos heridos, Clemencia Campos y Antonio Díez  Vázquez que requirieron su ingreso en el hospital tras conducirlos a Melilla en la lancha de la Sociedad de Salvamento de Náufragos. Una vez que llegó el Gandía junto al buque siniestrado, parte de su personal de máquinas se embarcó en el mismo para ponerlo en marcha y juntos iniciaron el regreso a Melilla. El pasaje fue desembarcado y varios marroquíes heridos fueron llevados al hospital indígena. Los fallecidos fueron conducidos al cementerio de la Purísima para practicarles la autopsia.
Hecho el recuento de pasajeros y tripulantes se vio que dos marineros habían desaparecido, dándoselos por muertos tras varios días de búsqueda.
En la tarde del 23 de mayo se llevó a cabo el entierro de los fallecidos en el ataque al María Pía en sepulturas que fueron adquiridas por la naviera italiana propietaria del buque.
El María Pía quedo en Melilla realizando las reparaciones necesarias para poder volver a navegar y el 30 de mayo de 1918 partió otra vez con carga y pasaje para Orán.



SUBMARINO ALEMÁN DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL



ANTONIO JULIÁ.

Antonio Juliá, pasajero que salió indemne del ataque al María Pía, cobraría una cierta relevancia en la vida política melillense. Se unió a la masonería en los años viente y ocupó cargos en las diferentes lógias que funcionaron en la ciudad. Hombre de ideas izquierdistas, fue miembro de la ejecutiva de la agrupación local de la Unión Republicana de Diego Martínez Barrio. El 17 de julio de 1936 acudió a la Delegación Gubernativa a dar su apoyo al Delegado Gubernativo y fue detenido por los franquistas que lo condenaron a muerte. El 24 de febrero de 1937 fue fusilado en Rostrogordo junto a otras 19 personas.

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