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EL SOCORRO A LOS PRISIONEROS DE ABD EL KRIM


Tras el  Desastre de Annual, quedaron miles de muertos españoles en los campos marroquíes y centenares de prisioneros a manos de la harka de Abd El Krim sufriendo unas penosas condiciones de vida que levantaban el clamor de la ciudadanía exigiendo a las autoridades una respuesta adecuada a esta terrible situación.
Como primera medida se intentó remediar en los posible sus duras condiciones de vida consiguiéndose que Abd El Krim autorizase el envío de provisiones, medicinas y ropas por vía marítima a los cautivos.







El buque elegido para esta misión fue el Gandía de Trasmediterranea. El Gandía era  un pequeño vapor que había vuelto a la zona de Melilla para sustituir al Juan de Juanes tras su hundimiento a cañonazos por los rifeños en Alhucemas. 
Los preparativos del viaje se hicieron en secreto, ya que no se tenía completa seguridad de que se pudiera llevar a cabo la misión y no se quería  levantar falsas expectativas a las familias de los cautivos. A la tripulación se le dijo que cargaban para ir a Chafarinas. El 11 de junio de 1922 zarpó el Gandía al mando de su capitán, José Orts, mientras que de la parte militar se encargaban el coronel Lasquetti, el comandante de estado mayor Suárez Llano y el capitán Cándido López Castillejos, agregado a la Oficina Central de Asuntos Indígenas y amigo de Abd El Krim con el que había estudiado árabe y tamazihg en Melilla. Una vez en alta mar, los mandos militares de la expedición informaron de su verdadero destino: las playas de la bahía de Alhucemas.

El Gandía llegó a la bahía de Alhucemas enarbolando bandera de la Cruz Roja, según exigieron los rifeños, y fondeó en las cercanías de la desembocadura de río Nekor. A la llegada del buque se estableció un alto el fuego entre las fuerzas rifeñas y la guarnición de la isla de Alhucemas.
Para desembarcar las provisiones se utilizaron barcas tripuladas por miembros de la Compañía de Mar de Melilla que se acercaban a unos diez metros de la playa donde transbordaban la carga a unos cárabos que los llevaban a la playa. Los prisioneros quedaron abastecidos para unos quince días.





LA ISLA DE ALHUCEMAS VISTA DESDE LA COSTA DE LA BAHÍA.


El éxito de esta primera misión, que también sirvió para establecer contactos con Abd El Krim a través de sus enviados a la playa, hizo que se repitiera varias veces estos viajes con provisiones, medicinas, ropas y correspondencia para los cautivos. En los viajes siguientes, el Gandía llevaba a remolque una lancha a motor de la Compañía de Mar para usarla en la descarga y barqueo de las provisiones y pertrechos destinados a los prisioneros con lo que se agilizaban las operaciones. Se utilizaron la lanchas Fraternidad y Faraón que eran tripuladas por hombres de la Compañía de Mar de Melilla.
El lunes 21 de agosto de 1922 zarpó nuevamente el Gandía con rumbo a Alhucemas. En este viaje iban el Padre Revilla, carismático religioso que había acompañado a la Legión en algunos de los duros combates sostenidos para reconquistar el territorio perdido tras del Desastre de Annual, y el medico auxiliar Juan Antonio Gullón que se ofreció para desembarcar en Alhucemas y dedicarse a prestar cuidados médicos a los cautivos hasta su liberación, aunque los rifeños no aceptaron este noble ofrecimiento. Revilla, que estaba llevando a cabo gestiones para intentar que el gobierno negociase la liberación de los prisioneros,  haría el viaje para informarse de primera mano del estado de los mismos.
Finalmente los algo  más de 300 prisioneros sobrevivientes fueron liberados a finales de enero de 1923 por mediación del financiero Horacio Echevarrieta. 
     Tras la liberación de los prisioneros, el Gandía quedó realizando el servicio entre Melilla y Chafarinas y a punto estuvo de perderse en el puerto de Melilla durante el terrible temporal de levante de abril de 1927. 
  




EL CAPITÁN CÁNDIDO LÓPEZ CASTILLEJOS.

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