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LA COMPAGNIE GENERALE TRANSATLANTIQUE Y MELILLA.



La ley de puerto franco tuvo el efecto colateral de dificultar el tráfico marítimo entre Melilla y el resto de España ya que para los buques españoles tocar puerto en Melilla significaba el equivalente a tocar puerto extranjero con lo que las posibles mercancías nacionales que transportara pasaban a considerarse extranjeras a efectos aduaneros. Esto hacía difícil el que se establecieran líneas de cabotaje nacional que unieran nuestra ciudad con otros puertos españoles lo que limitaba el tráfico a viajes directos a Melilla que encarecían el precio de los fletes haciéndolos prohibitivos en vapores de gran porte. El tráfico, por lo tanto, se limitaba a pequeños veleros como pailebotes, laudes o faluchos y al buque correo que unía la ciudad con Málaga que tenía una capacidad de carga limitada y subordinada a las necesidades de la guarnición. Incluso una gran naviera como era  la Transatlántica española solicitó y obtuvo del gobierno en 1891 el hacer escala en Melilla entre los puertos de Barcelona y Málaga en su línea de Barcelona a Mogador pero esta escala era considerada "facultativa"  lo que significaba que no era fija en la línea sino ocasional y a voluntad de la naviera.
Por el contrario, las navieras francesas y gibraltareñas que operaban en el Norte de África en  líneas de cabotaje internacional vieron en la  implantación del puerto franco en Melilla una oportunidad de ampliar sus negocios. 
La Compagnie Generale Transatlantique francesa operaba entre puertos franceses, argelinos, Málaga y Gibraltar y en la década de 1880 incluyó Melilla en su ruta. José Salama e hijos fueron los consignatarios de la Transatlantique en Melilla. Dado que ya navegaban entre puertos de diferentes naciones, teniendo que despachar en las diferentes aduanas, el tocar puerto en Melilla no les significaba nuevos trámites  o tasas aduaneras. 
Este hecho fue uno de los motivos de que la mayor parte de las mercancías con que se comerciaba en Melilla fueran de procedencia francesa o inglesa y que algunos de los pocos productos españoles que llegaban a Melilla, como el aceite de oliva, lo hiciera en buques franceses.





En 1893 tocaban Melilla dos líneas de vapores franceses. Una era mensual con escalas en Argel, Orán y Nemours(actual Ghazaouet) y otra quincenal que unía Argel con Gibraltar y Tanger tocando los puertos de Melilla y Málaga. Este tráfico mercante francés hizo que algún comerciante de esa nacionalidad se estableciera en la ciudad como Téophile Domerge.  
En su libro "Melilla Recuerdos de mi estancia (1902-1906)" Teodoro Fernández de Cuevas escribe que la mayor parte de los buques mercantes que arribaban a Melilla eran franceses pero esta situación iba a ir cambiando gracias a que se fue modificando la legislación en materia aduanera con respecto al puerto franco.
Por Real Decreto de 7 de marzo de 1907 se permitía que los buques nacionales despachados de cabotaje pudieran tocar en Ceuta y Melilla para verificar operaciones de carga y descarga tanto de mercancías que ya gozaban de franquicia arancelaria como las provenientes de Marruecos, quedando los mercancías franquiciadas en régimen de cabotaje y las marroquíes en régimen de importación. Serían los interventores del puerto franco los encargados de verificar el origen de las mercancías para determinar el régimen en que quedaban incluidas. Melilla empezó así a estar incluida en las líneas de cabotaje nacional, líneas que se vieron beneficiadas por subvenciones. En marzo de 1910, la Compañía de Vapores Correos de África  puso en marcha una línea que unía Marsella con Melilla haciendo escalas en Barcelona, Valencia y Málaga. 
Con la entrada en vigor de la Ley de Comunicaciones Marítimas en ese mismo año de 1910, nuestra ciudad quedó unida al resto de España por líneas de cabotaje nacional y, con el tiempo, navieras españolas como Tintoré o  Ibarra serían las encargadas de unir Melilla con Orán y Melilla con Marsella   tráficos estos que habían sido exclusivos de las compañías francesas.





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