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LAS AGUAS JURISDICCIONALES EN LA MELILLA DEL SIGLO XIX

Conforme los estados modernos fueron afianzándose, surgió la necesidad de establecer su soberanía sobre los mares que rodeaban sus costas. Sin acuerdos internacionales que regulasen la cuestión, los estados iban estableciendo la aguas jurisdiccionales que consideraban conveniente. Esta amplitud del mar territorial iba desde la distancia de un tiro de cañón a unas tres millas.
Ante la presión que sufría Melilla a mediados del siglo XIX, los gobernadores tomaron medidas para reafirmar la soberanía española de las aguas que rodeaban la ciudad.
La forma que se utilizó para visualizar esta soberanía española sobre las aguas melillenses fue el pago de derechos de paso por dichas aguas a las embarcaciones que se dirigían a las salinas de la Mar Chica o la obligación impuesta a los guelayenses de solicitar autorizaciones para pescar. Con esto también se pretendía mantener alejados a los posibles piratas.
Los derechos de paso quedaron establecidos a primeros del siglo XIX en la entrega de unas 8 a 10 arrobas de leña por cada cárabo y viaje de ida y vuelta. Gobernando Melilla el Brigadier Buceta se impuso el pago de 200 reales por cada cargamento de sal y de 100 reales al mes como derechos de pesca.
Desconocemos la amplitud de las aguas jurisdiccionales españolas en Melilla pero en crónicas e informes de la época se menciona que las embarcaciones que "pasaban a vista de la Plaza" debían reportarse a las autoridades de la misma. En un acuerdo pesquero firmado con la cábila de Mazuza, se establecía una zona de seguridad de un tiro de fusil alrededor de la plaza donde no podían pescar los guelayenses.
La fuerza encargada de ejercer la soberanía española en estas aguas y hacer cumplir las normas de paso y pesca eran el Pelotón de Mar de Melilla cuyos hombres tripulaban las embarcaciones de servicio de la guarnición.


La embarcación más utilizada era la que denominaban "lanchón" y aunque no tengo las dimensiones de la misma, por descripciones que se conservan creemos que disponía de dos palos, mayor y trinquete, remos y de dos a cuatro pedreros, que eran cañones de pequeño calibre que disparaban metralla. No tenía cubierta y su porte no era muy grande ya que se podía varar en la playa de la Marina. Podría tratarse de una embarcación del tipo denominado "trincadura" que se desarrolló en el Pais Vasco y que empezó a utilizarse en misiones como guardacostas durante las guerras carlistas. El lanchón solía estar al mando del Primer Patrón del Pelotón de Mar y su tripulación la camponían dos o tres artilleros de mar y unos diez marineros. Esta tripulación se reforzaba con soldados o confinados armados si era necesario.
Cuando el vigía de mar descubría alguna embarcación remontando el cabo Tres Forcas que infundiera sospechas, que no respondiera a las señales que se le hacían o que maniobrara para esquivar su paso por Melilla en su navegación hacia las salinas, se daba la alerta y el lanchón salía a interceptar dicha embarcación.
No siempre las embarcaciones rifeñas y guelayenses se avenían pacíficamente a ser reconocidas por los españoles lo que hacía necesario el empleo de la fuerza. En el diario "El Heraldo" del 14 de abril de 1844 se recogía la crónica de uno de estos enfrentamientos en aguas de Melilla. El 11 de marzo de 1844 el lanchón de Melilla tuvo que salir a interceptar un cárabo con 16 tripulantes que se negó a reportarse a la Plaza. El lanchón iba mandado por el teniente graduado Manuel Alarcón y lo tripulaban 31 hombres de los que 14 eran del Pelotón de Mar, entre ellos Manuel Lafont, miembro de una de las familias más conocidas de la Melilla del siglo XIX y que resultó herido en la acción. Tras dos horas de persecución, consiguieron ponerse al costado del cárabo ordenándole que arriara la vela para ser abordado e inspeccionado, pero los rifeños abrieron fuego con pistolas y espingardas, a lo que contestó el lanchón con los pedreros y fusiles de la dotación. Tras una hora de intercambio de fuego, los españoles pudieron abordar el cárabo que había sufrido muertos y heridos por el fuego del lanchón. El primero en abordar la embarcación rifeña fue un paisano llamado Francisco Miras, que saltó armado de un puñal, seguido por los soldados y marineros que rindieron rápidamente el cárabo. Los rifeños tuvieron 6 muertos y 10 prisioneros, entre estos había 6 heridos, dos de ellos graves. Por parte española hubo dos heridos, uno de ellos el ya mencionado Lafont. El cárabo fue conducido a Melilla y sus tripulantes quedaron arrestados.


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