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EL TESORO CARTAGINÉS HALLADO EN EL PUERTO DE MELILLA.

En el año de 1981, se efectuaron operaciones de dragado de las dársenas del puerto de Melilla. Con las arenas y fango resultante se intentó formar un playa al pie del acantilado de Melilla la Vieja, pero, sorprendentemente, junto a las arenas empezaron a salir de la boca de la draga infinidad de monedas que se identificaron como cartaginesas. Estas monedas, que se cifraron en varios miles, aunque para su estudio y conservación sólo quedaron unos centenares, eran mayoritariamente de cobre salvo diecisiete eléctrones (aleación de oro y plata) y se dataron entre los años 221 y el 202 a.c.

Ante el hallazgo de este tesoro, se empezaron a emitir hipótesis sobre su origen y las circunstancias que dieron con ellas en el fondo del puerto de Melilla. La que cobró más fuerza fue la del naufragio de un barco que transportaba la soldada de unos mercenarios cartagineses acantonados en Rusaddir (la antigua Melilla) o sus alrededores ocurrido entre los años 220 y 210 a.c., durante la Segunda Guerra Púnica. Esta hipótesis es bastanta plausible pero tiene en su contra que aunque aparecieron unos restos de maderas y clavos de bronce no se han identificado como restos del pecio en cuestión. Yo me aventuro a dar otra hipótesis.





Una imagen idealizada de la actividad de un puerto como el de Rusaddir 


En tiempos de la Segunda Guerra Púnica, Rusaddir era una ciudad portuaria del reino bereber de Mauri (Tageldit Tagomarit en Tamazight), incluso se cree que pudo ser una de sus capitales. Tagomarit se extendía desde el Estrecho de Gibraltar hasta el rio Muluya y en esos años estaba gobernado por Masgaba I al que le sucedió Bagga que reinó del 204 al 187 a.c. El reino estaba muy influenciado por la cultura púnica y sufría una fuerte dependencia política y económica de Cartago que era la gran potencia de la zona hasta la llegada de los romanos que tras diversas vicisitudes acabaron ocupando el reino bereber para convertirlo en una colonia más de su imperio.

Una característica de esta segunda guerra entre Roma y Cartago fue que la antaño todopoderosa flota cartaginesa se había debilitado bastante, lo que dejaba el control del mar Mediterráneo a los romanos. En esta tesitura, de tener los cartagineses que transportar una carga de gran valor por mar y sin poder reunir una potente flota que pudiera enfrentarse con garantías de éxito a los romanos, se podría pensar en emplear una nave rápida capaz de llegar a su destino esquivando a los pesados quinquerremes enemigos: una galera ligera como la de la ilustración inferior.



Galera ligera de la época



En el año 209 a.c.,Una galera de este tipo pudo intentar escapar de Qart Hadasht (la actual Cartagena) antes de su ocupación por los romanos para salvar los caudales depositados en aquella ciudad. Dinero y plata de las minas cartageneras que serían necesarios para seguir pagando a los contingentes de mercenarios al servicio de los cartagineses y a los reyes de los estados aliados y proveedores de soldados como Mauri. Pensemos que todavía en aquellos años Anibal seguía luchando por tierras italianas y la guerra no estaba perdida del todo.

Es posible que temiendo no poder despistar a las naves enemigas en la ruta a Cartago, el capitán de la galera decidiera poner rumbo al puerto amigo que le quedara más cercano: Rusaddir. La distancia entre este puerto y Qart Hadasht es de unas 160 millas náuticas a rumbo directo. Perseguida en la distancia por los romanos, la galera fondeó en la ensenada formada al sur de la ciudad por la desembocadura del río de Oro que hacía las veces de puerto de la ciudad.

La llegada de una galera con un verdadero tesoro en sus bodegas tal vez no gustó del todo al gobernador de Rusaddir, una ciudad que había vivido al margen de la guerra hasta ahora pero que al tener que custodiar dichos caudales la convertirían en objetivo de los romanos. Así que demoro todo lo que pudo el desembarco de las sacas con las monedas con la excusa de preparar un lugar seguro para su custodia y con la esperanza de que el capitán de la galera decidira irse a otra parte con su cargamento. Pero esto no ocurrió y tuvo que autorizar la descarga de la galera que comenzó por la plata y las sacas con electrones que, tras su recuento, se depositaban en una de las muchas cuevas que horadaban el peñón donde se alzaba la ciudadela de Russadir.





Galera pesada romana con un corvus a proa


El tiempo para salvar el tesoro se fue acortando al ritmo en que las galeras romanas navegaban hacia su presa. Cuando todavía quedaban por desembarcar las sacas con las monedas de cobre, las siluetas de las naves romanas se recortaron en el horizonte. El capitán cartaginés duda qué hacer: ¿embarrancar su barco y refugiarse con su tripulación en Rusaddir? ¿presentar batalla? ¿picar los cabos del ancla para intentar jugarsela saliendo a alta mar? Finalmente y aunque los soldados de guarnición de la galera están en tierra custodiando el tesoro, pica cabos y ordena bogar hacia altamar.

Pero todo es inútil. Las naves romanas le cortan la salida y tiene que volver a poner proa hacia la playa de Rusaddir para varar su galera y, al menos, salvar a sus hombres. Mientras bogan hacia tierra con toda su alma, empiezan a arrojar por la borda las sacas de monedas que todavían quedaban a bordo. Cuando el corvus de una galera romana cayó con un terrible golpe seco sobre la cubierta de la galera a la altura de la aleta de popa de estribor, la proa casi toca ya en tierra, de hecho algunos marineros y remeros se arrojan al mar y dando unas pocas brazadas llegan a la playa. Los legionarios romanos asaltan la galera cartaginesa atravesando el corvus y eliminan la poca resistencia que encuentran y como señal de victoria clavan la cabeza del capitán en una lanza y la muestran al comandante romano. A este se la pasa fugazmente por la mente el ordenar el asalto a Rusaddir pero sabe que no tiene fuerzas para ello y, conformándose con la presa de la galera y con el contenido de algunas sacas de monedas que quedaron rotas y desperdigas en cubierta, ordena poner rumbo a Qart Hadasht remolcando su presa. Ya volverán con refuerzos para tomar Rusaddir.
¿Pudieron ocurrir las cosas asi? ¡ Quien lo sabe!.








Comentarios

  1. Felicidades, m e parece muy didáctica tu visión de este trocito de la historia. Igualmente haces mención a algo tan dramático y constante en la historia de nuestra ciudad como es el expolio del patrimonio arqueológico cuando señalas “aunque para su estudio y conservación sólo quedaron unos centenares”. Podrías exponer más datos sobre ¿quiénes fueron los responsables administrativos de tal desatino?, ¿en manos de quienes están las monedas no recuperadas en la actualidad?, ¿donde se encuentran los centenares de monedas rescatadas?, ¿están cuantificadas las monedas en manos de coleccionistas?, ¿sabremos la verdadera historia del expolio de las monedas algún día?. Un saludo.

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  2. Rumores sobre el destino de las monedas hay muchos pero este asunto es un expediente X melillense.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Hasta lo que yo sé por tener dos años en estas fechas hubo dos decomisos, uno de 2000 monedas en 1981 y otro de 100 monedas años después. Lo gracioso es que en 1984 un coleccionista denunció el robo en su casa de monedas de este dragado…que lógicamente tenía de forma ilegal, sin duda sobre estas monedas yo destacaría el estudio realizado por Carmen Alfaro sin menospreciar el resto, el más completo para mi hasta la fecha por su minucioso estudio de un conjunto de 244 monedas, incluyendo algunas monedas del dragado de 1953. Conocí a un tipo que me dijo que tasaron las monedas incautadas en 1000 pesetas creo.

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  5. El estudio de Carmen Alfaro lo conocí por referencias de otros estudios, yo no soy un entendido en esos temas y simplemente quería hacer algo divulgativo de un tema que no se estudió lo suficiente en su momento ya que, si aparecieron restos de maderas y clavos, ¿donde están? ¿porqué no se estudió el posible pecio cartaginés? ¿Como es posible que las monedas aparecieran en manos de coleccionistas privados? Si pensamos seriamente en todo aquello la conclusión que sacamos es que no se pudo gestionar peor.

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  6. Centrándonos en el tema del pecio, si Rusaddir era una ciudad portuaria y a pesar que el puerto de Melilla en esa época estará bajo la plaza de las culturas o, incluso, más hacia la zona de la Avenida, es curioso la falta de restos submarinos de pecios, anforas o anclas que existen. La verdad es que la arqueología naval si que me interesa aunque en Melilla es una disciplina que no se ha estudiado lo suficiente. A ver si os animais a tocar ese tema.

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  7. A mediados de los 80 Martín Bueno hizo unas prospecciones arqueológicas subacuáticas pero no tengo muchos datos. Si no se localizan restos subacuáticos es porque al igual que en tierra los proyectos hasta fechas recientes han sido nulos…y los materiales encontrados por buceadores incuantificables, otro problema es el que generan los limites de las aguas jurisdiccionales….en cualquier caso es necesaria la inversión en los jóvenes melillenses que serán los profesionales del patrimonio del mañana…el patrimonio arqueológico ha despertado hace dos días…y necesita técnicos.

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