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ALGUNAS IDEAS SOBRE LA ARMADA QUE VINO A OCUPAR MELILLA





LA SITUACIÓN EN EL MAR DE ALBORAN.


En los años en los que se planeó y llevó a cabo la conquista de Melilla, el mar de Alborán estaba prácticamente bajo control de los buques españoles. Los sultanatos de Fez y Tremecén no podían ya armar flotas que pudieran emprender algún tipo de acción ofensiva y su actividad naval se limitaba a las incursiones de corsarios en las costas del recien conquistado reino de Granada. Estos corsarios tenían sus bases principales en la ría de Tetuán, Targa y Badis, puertos que se pudieron mantener en activo ya que correspondían a la zona de influencia portuguesa y estos no mostraron mucha voluntad en la tarea de ocuparlos o neutralizarlos. Melilla y Cazaza, ciudades que habían vivido una época de esplendor comercial en siglos anteriores, especialmente Cazaza desde pricipios del siglo XIV hasta finales del XV, pasaban por una profunda crisis que había llevado a algunos de sus dirigentes a intentar negociar su entrega a los Reyes Católicos. Esta crisis pudo tener uno de sus orígenes en la supremacía naval española en el mar Alborán que durante la guerra de Granada había permitido cerrar el comercio con los puertos del norte de África para evitar que se pudieran enviar tropas y suministros a los granadinos desde allí.


Para luchar contra la acción de los corsarios musulmanes, que en el caso de Tetuán eran, en buen número, exiliados granadinos que no quisieron rendirse a los Reyes Católicos, y dado que no se podían ocupar sus bases por ser territorio asignado a Portugal, se crearon armadas guardacostas para la vigilancia del litoral desde el Estrecho de Gibraltar a Vera, en el límite entre Almería y Murcia. Junto a estas naves al servicio de la corona, hubo armadores privados que enviaron sus barcos a practicar el corso en las costas norteafricanas atacando incluso las bases corsarias. En 1494 un sobrino de Hernando de Zafra atacó Targa desde Gibraltar con una flotilla de 3 fustas y 2 tafureas, capturando 36 cautivos y unas 200 vacas como botín.




(CONQUISTA DE MELILLA)




La superioridad naval española había llevado en 1494 a Hernando de Zafra a escribir lo siguiente a los Reyes Católicos: "Las nuevas que hay de allende son estas: de la parte de Fez dicen que están de acuerdo de derribar todas las fortalezas de la costa y meterse tierra adentro, porque desta manera dicen que piensan tener algun remedio contra las fuerzas de vuestra Altezas".




LAS EMBARCACIONES USADAS EN LA GUERRA MARITIMA A FINALES DEL SIGLO XV.




Era de común aceptación, sobre en todo en el área mediterránea, la idea de que las armadas debían estar compuestas de una agrupación de naves de propulsión a remo, galeras, y a vela, bajeles, especialmente si se trataba de llevar a cabo acciones contra los puertos y poblaciones costeras del enemigo. El juez de la Armada del Cantábrico se lo explicaba así a los Reyes en 1493: "Así en la mar son menester navíos gruesos donde las carabelas y fustas se favorezcan y amparen; y carabelas para alcanzar cualquier navío sutil y fustas para tiempo de calma y para reconocer puertos y tentar calas". El anónimo autor del informe sobre el planteamiento que debía hacerse en la guerra contra los musulmanes norteafricanos que se conoce como: " Memoriales y nombres de capitanes para la guerra de allende" consideraba que un armada básica para efectuar patrullas de combate y asaltos en las costas norteafricanas se compondría de: dos o tres galeras reales, cinco o seis galeotas, seis carabelas latinas, dos o tres fustas para servicio de la armada y, si se pensaban realizar alguna incursión tierra adentro, dos tafureas, que eran embarcaciones adaptadas para el transporte de caballos. En esta relación tenemos galeras, galeotas y fustas, embarcaciones de propulsión a remos y velas, mientras que las carabelas y tafureas lo eran a vela exclusivamente, aunque las carabelas de pequeño porte podían auxilarse de remos en maniobras y encalmadas. En caso de desembarco, las galeras, galeotas y fustas podían acercarse a la línea de costa valiéndose de sus remos, llegando a varar de proa si la playa lo permitía, y facilitar el asalto de la infantería. Por otra parte, en caso de encalmada, las galeras, galeotas y fustas podían remolcar a las carabelas y naos si era necesario. La carabelas y naos eran de mayor porte que las galeras, costados más altos y construcción más robusta por lo que podían soportan más viento en sus aparejos y peores condiciones climáticas. También podían montar más piezas de artillería y embarcar más soldados y pertrechos. Las carabelas, además, podían ser más rápidas que las galeras y su capacidad de navegar de ceñida les daba una gran ventaja sobre las naos.





(GALERA)



El propio Hernando de Zafra, secretario de los Reyes Católicos encargado de los asuntos norteafricanos, propuso una armada para vigilancia del mar de Alborán y costas norteafricanas compuestas de: dos galeotas grandes, cinco galeotas menores y dos carabelas largas equipadas con remos. En la ilustración que representa la toma de Melilla también aparecen una embarcación tipo galera y un bajel.




LAS EMBARCACIONES NECESARIAS PARA CONQUISTAR MELILLA.



Según la "Cronica de Felipe I llamado el Hermoso" de Lorenzo de Padilla (citada por Rafael Gutierrez Cruz en su libro: "Los presidios españoles del Norte de África en tiempos de los Reyes Católicos") las tropas utilizadas en la conquista de Melilla serían 3000 peones y 200 lanzas reclutados por el duque de Medina Sidonia. Esto nos da un contingente de 3200 hombres con caballos, armas, municiones, equipos, bagajes y provisiones. Un considerable número de hombres y material que embarcar y transportar a Melilla. José Ferrer del Canto y José March y Labores en su "Historia de la Marina Real Española" (1856) nos dan una composición para esta armada que estaría formada por 10 carabelas y 7 navíos, sin especificar su tipo, y que se reunieron en Gibraltar. También la Crónica de Felipe el Hermoso señala Gibraltar como base de la armada reunida por Medina Sidonia. Gibraltar, señoría de Medina Sidonía hasta 1502, es mucho mejor puerto que Sanlúcar. En la Historia de la Marina Real escriben que salieron de Gibraltar al alba del 5 de septiembre día para llegar al siguiente amanecer a Melilla. Teniendo en cuenta las cerca de 135 millas existentes entre Gibraltar y Melilla, nos da una velocidad media de unos 5,6 nudos. Esta armada la veo algo escasa para trasladar al contingente de tropas reunidas para la expedición de Melilla. Podemos compararla con la armada reunida en Málaga en mayo de 1500 para transportar a Sicilia las tropas del Gran Capitán. Para esta nueva campaña en el Adriático e Italia, se reunieron unos 3000 peones y 600 lanzas con caballos, artillería y bagaje. La armada encargada de este transporte estaba compuesta de 55 embarcaciones: 3 galeras, 3 carracas, 29 naos, 19 carabelas y 4 tafureas. Vemos que también aquí se sigue la pauta de reunir galeras con bajeles. Para la conquista de Melilla es de suponer que se utilizaron menos naves dado que la fuerza a embarcar era menor así como la distancia al objetivo y no se esperaba que la armada tuviera que participar en combates navales como en el caso del Gran Capitán que en principio marchó a luchar contra los turcos en el Adriático en apoyo de los venecianos. Supongo que con unas treinta unidades entre naos, carabelas y la escolta de las galeotas guardacostas y algunas fustas auxiliares se pudo transportar la expedición militar a Melilla.

LA ORGANIZACIÓN DE UNA ARMADA.


Cuando la corona decidía organizar una armada para acometer una campaña bélica, recurría en primer lugar a las embarcaciones que estuvieran su servicio. A este núcleo inicial se unían otras naves hasta completar el número que se creyere necesario. Estas naves podían pertenecer a nobles o armadores privados que ponían sus naves al servicio de la corona libremente o, en el caso de no reunirse suficentes barcos, se recurría al procedimiento del "embargo" que consistía en un fletamento forzoso a beneficio de la corona que fijaba el precio del mismo en función del arqueo de la nave embargada y el tiempo que se mantenía en servicio. Este flete generalmente era menor que en el mercado y su cobro podía ser problemático. El embargo lo realizaban agentes de la corona en los puertos indicados para reunir la armada.


En el caso de la armada reunida para la conquista de Melilla, se utilizarían las galeotas fletadas por la corona para la vigilancia de las costas del reino de Granada y naves propiedad o fletadas por el duque de Medina Sidonia, que mantenía intereses navieros y comerciales con África y Canarias. El duque había enviado naves y hombres para apoyar la conquista de Tenerife.



(CARABELA)


Si estas embarcaciones no fueron suficientes se tendría que haber procedido al embargo de otras en los puertos de la zona como Cádiz, Gibraltar o Málaga, de ahí que el cronista Jerónimo Zurita escribiera que se utilizaron las naves preparadas para un nuevo viaje de Cristobal Colón. Esto puede que fuera cierto ya que Colón fue autorizado en abril de 1497 a empezar a reclutar gente para esta expedición. Con todo, lo que nos indica Zurita es que para la conquista de Melilla se procedió a la requisa de naos y carabelas surtas en puertos de Andalucia. Lorenzo de Padilla escribe sobre la organización de la armada que el duque: "mandó juntar ciertas carabelas y navios en Gibraltar". Lo que también nos indica que se procedió a la requisa de embarcaciones.




LA CONQUISTA DE MELILLA.


La versión de los cronistas de la casa de Medina Sidonia sobre la forma en que se conquista Melilla no se sostiene y debe entenderse como una recreación literaria de lo que realmente ocurrió. Un desembarco nocturno de hombres con artillería y las fortificaciones prefabricadas que además logran ensamblar a la largo de todo lo que es la anchura del istmo que separa el tercer recinto de Melilla la Vieja de lo que es la subida a la Alcazaba para que a la mañana siguiente los lugareños de alrededor vieran reconstruida las murallas de la ciudad y creyeran todo esto arte de magia y huyeran aterrados, no podemos tomarlo como una descripción real de la toma de Melilla.

Seguramente, si hubo un desembarco nocturno en la noche del 17 de septiembre, los que desembarcaron fueron un grupo de asalto transportado hasta la playa en las galeotas, fustas y lanchas auxilares de las naos y carabelas y que ocupó la abandonada ciudad atrincherándose entre las ruinas de las murallas en espera del grueso de la fuerza. Estos asaltos nocturnos eran práctica habitual de los corsarios y a finales del siglo XV existían en la Andalucía Atlántica, Gibraltar, costas del Reino de Granada y en la zona de Cartagena gran número de soldados y marinos con experiencia en incursiones corsarias en Berbería. Estos hombres constituirían la fuerza de choque en las operaciones de conquista de Melilla.


Con las luces del día, recalaría en la rada de Melilla el grueso de la armada con las naos y carabelas que transportarían nuevos contingentes de soldados para asegurar los alrededores de la ciudad y proceder al desembarco de la artillería y las defensas prefabricadas. En la " Cronica de Felipe el Hermoso" se narra la toma de la ciudad sin referencias a la magia ni a la superstición de los lugareños sino que describe una operación militar de desembarco como tuvo que ser en la realidad: "Y como llegó a Melilla, luego sacó su gente a tierra y artillería y con los tablones que traían hizo una gran barrera alrededor de la cerca y puso en las troneras que en ellas traía fechas, sus tiros".


(NAO)



Las operaciones de desembarco del material necesario para la construcción de las defensas provisionales de la ciudad, artillería, municiones, provisiones, equipos y bagajes debieron de durar varios días. Según Lorenzo de Padilla el duque de Medina Sidonia vino a Melilla con esta armada y permaneció en la ciudad durante más dos meses que fue el tiempo que se necesitó para dejarla en estado de defensa y convenientemente guarnecida y aprovisionada. Para ello, según Pedro Barrantes, hubo que envíar algunos navíos a Gibraltar para reaprovisionarse de leña, paja para los caballos y otras provisiones. Cumplida la misión para la que fue reunida, la armada quedaría disuelta y los buques alistados en la misma pudieron volver a sus activades normales como, tal vez, participar en la expedición a América que preparaba Cristobal Colón.

















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