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LA ODISEA DEL FALUCHO SAN JOSÉ: DE MÁLAGA A MELILLA PASANDO POR ORAN.

A mediados del siglo XIX, las comunicaciones marítimas entre Melilla y Málaga se mantenían mediante los faluchos correos. Los faluchos eran un tipo de embarcación típicamente mediterránea de porte mediano y que arbolaban un mastil central con vela latina, una mesana latina y bauprés para aparejar un foque.

Según cronicas de la época, estos faluchos solían estar a la carga en Málaga y aprovechaban los vientos de poniente para hacer su viaje a Melilla. Esta espera de vientos favorables no permitía mantener un servicio regular entre ambos puertos, pero los patrones y marineros que tripulaban estos buques no dudaban en aprovechar la más mínima oportunidad para cumplir con el servicio asignado, aunque a veces el tiempo les gastara tan malas pasadas como la ocurrida al falucho San Jose en marzo de 1853.

En el diario La Esperanza del 22 de abril de 1853 se publicó una carta fechada en Melilla el 11 de abril en la que se relataba esta verdadera odisea sufrida enmedio de un fuerte temporal de poniente.

El día 20 de marzo, el falucho San José al mando de Antonio Llompart, del que se dice que era un hombre de gran experiencia en el mar de Alborán, con seis tripulantes, carga de materiales de construcción y dos oficiales y veintidos soldados como pasajeros, se hizo a la mar desde Málaga con rumbo a Melilla. El escaso viento reinante sólo le permitió alcanzar una velocidad de unos dos nudos por lo que tras navegar un día y una noche estaban todavía a mitad del trayecto.

Conforme corría el nuevo día fue arreciando el poniente que sobre las cinco de la tarde adquirió la fuerza de temporal. El San José continuó su marcha hacia Melilla aunque tuvo que ir reduciendo trapo hasta quedar sólo con el foque, consiguiendo llegar así hasta las cercanías del cabo de Tres Forcas hacía las ocho de la tarde.





Intentando remontar el cabo recibió la embarcación un fuerte golpe de mar que le inutilizó el compás, rompió la entena de la mesana y sacó dicho palo de su mecha, quedando el falucho a punto de zozobrar. Según se dice en la carta, se salvaron gracias a la divina Providencia y la habilidad del patrón que no vio más solución que dejarse ir corriendo el temporal de popa, sin posibilidad de arrumbar a Melilla.

Continuó en estas condiciones hasta la caida de la tarde del día siguiente en que intentaron buscar resguardo en las islas Habibas. Las islas Habibas se encuentran a 92 millas a levante de Melilla y a 16 millas al SO de cabo Falcón. Son un pequeño archipiélago formado por una isla y diversos islotes. En la isla mayor se encuentra una ensenada con resguardo del poniente. El corsario español Alonso de Contreras escribió a mediados del siglo XVII un derrotero del Mediterráneo en el que podemos leer sobre las Habibas, que él llama Alcubas, lo siguiente: "De Falcón dos millas al Poniente Lebeche se va a Las Alcubas. Son una isla grande no muy alta y otros muchos islotes, alrededor de ella, que hacen puerto para todos tiempos. Suelen haber bajeles de corsarios. Están a diez millas largas de tierra".



Al arrumbar a las Habibas se atravesaron al temporal y recibieron varios golpes de mar que desplazaron a la banda de estribor toda la carga y efectos que llevaban en cubierta, entre los que había doce cajas con cal, las anclas y cadenas. Las olas embarcadas anegaron la lancha que también llevaban estibada en cubierta con lo que el falucho escoró peligrosamente a esa banda. Para intentar adrizar nuevamente el barco hubo que arrojar por la borda las cajas y desfondar la lancha para que desaguara. En estas maniobras tuvieron que colaborar los pasajeros dado el peligro que corría la embarcación. Finalmente lograron adrizar el falucho que quedó en tal estado que lo único que podían hacer era entrar de arribada en Orán.

Sobre las seis de la mañana del día 23 de marzo avistaron el cabo Falcón y a las nueve lograron entrar en Orán. Allí notificaron al consul español la arribada forzosa por avería y este les facilitó la asistencia necesaria para reparar el falucho y poder volver a salir con rumbo a Melilla.
Una vez reparado el buque se hicieron otra vez a la mar pero la persistencia del poniente les obligó a fondear en la Habibas todo un día y una noche. Una vez que amainó el viento pudieron arrumbar de una vez a Melilla, donde llegaron a la caida de la noche del 7 de abril.

La sorpresa y alegría en la ciudad fue inmensa ya que, ante la falta de noticias, creían perdido al falucho en el temporal. Los mismos marinos del San José consideraban que su salvación se debía a la intervención de la Virgen del Carmen a la que se habían encomendado en los momentos más duros de su accidentada navegación. En contra de la inveterada y fea costumbre de muchos marinos mercantes de olvidarse de promesas y devociones, hechas en mitad de un temporal, una vez que se encuentran en puerto tomando copas en un bar, sobre todo si en el local hay chicas guapas que se dejan querer, la esforzada tripulación del San José si que acudió a la misa de acción de gracias prometida a la Virgen del Carmen. Esta se celebró en el altar que dicha virgen tenía en la iglesia de Melilla la Vieja y en la misma participaron tanto los tripulantes como los pasajeros del falucho y muchos melillenses que quisieron acompañarlos en dicha celebración.

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