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LA CRISIS DE LOS REHENES CAPTURADOS POR LOS PIRATAS DE BOCOYA (1896-1898)


LA CAPTURA DEL PROSPER CORIN.

El 7 de octubre de 1896 los piratas de Bocoya asaltaron un velero francés de 200 toneladas y nombre “Prosper Corin” de la matrícula de Dieppe y que navegaba de Cádiz a las costas algelinas. El velero estaba detenido en una encalmada a pocas millas de Alhucemas frente a la playa de la Cebadilla. Enterado el gobernador de Alhucemas del suceso dio órdenes al vapor correo Sevilla para que saliera a dar auxilio al velero francés. En el Sevilla viajaban unos soldados de la guarnición del Peñón de Vélez que fueron armados junto a unos marineros con los fusiles Remington de dotación del Sevilla. Llegado el vapor español al lugar del asalto, varios cárabos se dieron a la fuga logrando el vapor correo capturar a tres con trece bocoyas que fueron detenidos y cuatro tripulantes del velero. Cuando el Sevilla se disponía a acercarse al Prosper Corin, los piratas que continuaban a bordo abrieron fuego entablándose un tiroteo entre ambos buques que duró algo así como un cuarto de hora, ocasionando en el Sevilla dos muertos y cinco heridos tan graves que Onofre Bosch, capitán del Sevilla, decidió ir a Alhucemas para proporcionar atención medica a los heridos, aunque nada se pudo hacer por tres de ellos que murieron poco después. Entre los muertos figuraba uno de los piratas capturados, así como Oscar de los Reyes, abogado de La Habana que había sido condenado por su militancia independentista al penal de las Chafarinas, Luis Puigcerver, soldado, Vicente Auber, marinero del Prosper Corin y Manuel Nebré, fogonero del Sevilla.


ONOFRE BOSCH, CAPITÁN DEL SEVILLA.


Finalmente los piratas abandonaron el velero francés llevándose cautivo a su capitán, José Auber, que quedó recluido en una aduar del interior. El Prosper Corin quedó a la deriva y fue encontrado por un buque inglés que lo llevó a remolque hasta Almería.

Conocida la noticia del ataque al Prosper Corin y la captura de su capitán, los franceses, que tenían sus miras puestas en Marruecos, movilizaron barcos de guerra que se desplazaron a las costa rifeñas como medida de presión a la vez que enviaron emisarios que contactaron con los notables de la cabila de Bocoya para conseguir la liberación de José Auber. Estas negociaciones llevadas a cabo con el apoyo de las autoridades españolas, que incluso llegaron a proponer el canje del capitán francés por uno de los piratas presos en Alhucemas, lograron su objetivo y el 21 de octubre fue liberado Auber a cambio de la promesa francesa de interceder por los doce piratas presos en Alhucemas.

Pese a los esfuerzos franceses para conseguir su liberación, los piratas siguieron presos en Alhucemas en espera de celebrar un consejo de guerra, dado el carácter militar de la plaza de Alhucemas, donde se juzgarían los hechos de los que se le acusaban. Mientras tanto, el gobierno español presentó una reclamación por los daños y víctimas causados por el ataque al Sevilla que se valoraron en 77.000 pesetas. Esta indemnización fue pagada por el gobierno marroquí en abril de 1898.


ISLA DE ALHUCEMAS.


LA OFENSIVA PIRATA DE 1897.

En aras de forzar la liberación de sus compañeros prisioneros tanto en Alhucemas como en la cárcel de Tánger, los piratas bocoyas lanzaron una serie de ataques a barcos europeos en 1897. Según el diario La Época del 15-03-1898, tanto estos ataques como el del Prosper Corin se justificaban como represalia por la estafa sufrida en Málaga de 8000 duros que varios comerciantes bocoyas pensaban utilizar en la compra de armas y municiones.

El 10-04-1897 el diario “El Imparcial” relata el ataque sufrido por el laud “Virgen de los Ángeles” de bandera inglesa y con un cargamento de sal y petróleo que fue tiroteado por unos cárabos bocoyas que no lograron darle alcance porque el viento arreció y el laud pudo llegar a ponerse a salvo en Alhucemas.

El 14 de agosto de ese mismo año asaltaron el velero italiano “Fiducia” mandado por el capitán Manuel Racete que llevaba un cargamento de madera y quedó encalmado cerca de la costa. Los piratas saquearon el cargamento y secuestraron al capitán, al contramaestre y un marinero francés, el resto de la tripulación pudo seguir viaje con el barco.

El Imparcial del 7-09-1897 relata el asalto a la goleta portuguesa “Rosita” realizado el 24 de agosto. El “Rosita” navegaba de Orán a Faro con un cargamento de esparto y quedó encalmado. Cuatro cárabos lo asaltaron llevándose secuestrado al capitán Juan Rosendo Mascarenhas y cuatro marineros. La goleta quedó en la zona con tan mala fortuna que el 1 de septiembre volvió a ser atacada por otros piratas que secuestraron al hermano del capitán, un joven de catorce años.

Según el diario “La Iberia” de 14-11-1897, varios notables bocoyas que asistieron al entierro en la isla de Alhucemas del marinero Peinon del Fiducia, muerto de enfermedad en el cautiverio, declararon que todas las aprensiones de buques y secuestros de marinos europeos tenían como único fin exigir la libertad de los piratas presos.


REACCIONES CONTRA LA PIRATERÍA.

Tras conocerse las nuevas acciones de los bocoyas, los países implicados enviaron buques de guerra y emisarios a la zona, así como presentaron las consiguientes reclamaciones al Sultán. Por su parte los bocoyas exigieron la libertad de los piratas presos en Alhucemas y en la cárcel de Tánger.

En las negociaciones y la asistencia a los cautivos se distinguieron los miembros de la guarnición y vecindario de la isla de Alhucemas que enviaron alimentos y dinero para el sostenimiento de los marinos secuestrados y facilitaron el que pudieran escribir a sus familias.
Por su parte, los franceses aprovecharon las idas y venidas de sus emisarios tanto en este caso como en el del Prosper Corin para sondear la posibilidad de contactar con notables bocoyas y beni urriaguel que pudieran actuar como agentes franceses de cara a una posible intervención francesa en la zona. En este sentido eran ya muchos los rifeños que emigraban como temporeros a Argelia y se quería potenciar el alistamiento de contingentes rifeños en el ejército colonial francés como medio de infiltración de los intereses galos entre las cabilas del Rif.
Todo esto iba claramente contra los intereses españoles y marroquíes por lo que ambos gobiernos aceleraron las negociaciones para dar una solución pacífica al tema de los secuestros para neutralizar cualquier maniobra francesa o de otra potencia interesada en la zona. Para España era fundamental encontrar un arreglo diplomático a todo esta asunto ya que estaba implicada en las guerras de Cuba y Filipinas.



LA LIBERACIÓN DE LOS MARINOS CAUTIVOS.

En noviembre de 1897 se llegó a un acuerdo para la liberación de los marinos secuestrados por los bocoya. Este acuerdo se basaba en la liberación de los bocoyas presos en Tánger y que serían entregados a cambio de los marinos europeos. Posteriormente el gobierno español sometería a consejo de guerra a los implicados en el asalto al Prosper Corin y el ataque al Sevilla y posteriormente serían indultados por el gobierno.

El canje entre los marinos secuestrados y los bocoyas presos se realizó el 10 de noviembre de 1897 en la bahía de Alhucemas hasta donde fueron conducidos los bocoyas desde Tánger por el vapor español General Valdez.

Mientras que en consejo de guerra celebrado en Alhucemas el 30 de diciembre de 1897 se condenó a los piratas a cadena perpetua, aunque el 9 de febrero de 1898 se ordenó su indultado según se había acordado.

LA REPRESIÓN CONTRA LA CÁBILA DE BOCOYA.

Una vez liberados los rehenes europeos, el gobierno marroquí decidió poner fin a la excesiva independencia de la que estaba haciendo gala la cábila de Bocoya que incluso se permitía mantener contactos con Francia de cara a aceptar un protectorado sobre su territorio. Estos contactos se habían iniciado cuando las negociaciones para al liberación de los rehenes europeos y siguieron después.

En el diario El Imparcial del 7-03-1898 aparece la noticia del embarque del primer contingente de 40 bocoyas alistados en el ejército francés, además se informaba de que el cónsul francés en Tetuán tenía ultimado los términos del acuerdo político-militar a firmar entre Francia y la cabila de Bocoya. Por su parte en el diario La Época del 15-03-1898 aparece la noticia sobre el posible alistamiento de 500 bocoyas en el ejército francés.

Como primera medida para controlar las costas rifeñas, el gobierno marroquí decidió dotar de artillería al vapor Turki y enviarlo a patrullar esa zona. Este vapor fue comprado por los marroquíes para transportar unos cañones adquiridos en Alemania y acabó convertido en un buque de guerra que tomaría parte en la represión de los bocoyas.

BUQUE DE GUERRA MARROQUÍ TURKI.

En marzo de 1898 los marroquíes inician sus movimientos bélicos movilizando al “Hassani” y el “Turki” que eran los dos vapores con que contaba su armada. El Hassani transportó al Rif 900 soldados de la Mehala Imperial al mando del kaid Buchta-El-Bagdadi. Estas tropas se internaron por territorio de los Beni Urriaguel que habían declarado su fidelidad al Sultán y desde allí prepararon lo incursión en territorio de Bocoya. En mayo convocaron una reunión con los notables bocoyas en la Bahía de Alhucemas para llegar a un arreglo mediante el pago de una fuerte multa pero los bocoyas fueron sorprendidos por las fuerzas marroquíes que asesinaron y detuvieron a la mayor parte de ellos. Esto marcó el inicio de la incursión de castigo en el territorio de la cabila rebelde. La prensa española se hizo eco de estos sucesos y así, en El Siglo Futuro del 6-06-1898 se recogió la noticia de la masacre de Alhucemas. Según este diario que cita fuentes del la isla de Alhucemas, los bocoyas habían aceptado un pago de 20.000 duros como multa pero cuando iba a firmarse el acuerdo fueron sorprendidos por los soldados de la Mehala. Aparte de los muertos cifrados en una veintena, se hicieron un centenar de prisioneros, algunos heridos, que fueron conducidos a bordo del Turki. Por su parte, El Liberal del 16-06-1898 narra un combate entre los guerrilleros bocoyas y las fuerzas del Sultán que con el apoyo de los cañones del Turki lograron la victoria capturando nueve lanchas, dos cárabos y un falucho de los bocoyas. Tras este combate y según el periódico citado, los bocoyas iniciaron el éxodo de su territorio internándose en las montañas del Rif.

La forzada emigración de los habitantes de la cabila de Bocoya se dirigió a Argelia y otras zonas del Rif. Pasado algún tiempo fueron volviendo pero la cabila no recuperó su antiguo poderío aunque sí que volvieron a sus antiguas ocupaciones en las que se entremezclaban el comercio, el contrabando y la piratería.

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