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EL ASALTO AL PAILEBOTE SAN JOSÉ.


En estos días en que los piratas somalíes a vuelto a capturar un pesquero español, el Alakrana con base en el puerto de Bermeo, es interesante volver la vista a otra época y otra costa donde se dieron otros casos de capturas de buques españoles por piratas costeros. Uno de estos incidentes fue el ocurrido al pailebote San José.


El 21 de enero de 1921 el pailebote San José, de la matrícula de Canarias, y en ruta de Málaga a Alhucemas fue asaltado por los piratas de la cábila de Bocoya.

La cábila de Bocoya dominaba la costa que se extendía entre el Peñón de Vélez y Morro Nuevo, extremo occidental de la Bahía de Alhucemas que ya era territorio de los Beni Urriaguel.

Esta zona era muy peligrosa para los buques mercantes europeos por la actividad de los piratas de esta cábila. Los bocoyas eran los herederos de los piratas y corsarios que desde la ciudad de Bades y la ría de Tetuán asolaron nuestras costas en los siglos XV y XVI. Una vez destruida Bades tras la reconquista española del Peñón de Vélez en 1564 y el cegado de la ría de Tetuán por Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, la gran piratería marroquí se desplazó a los puertos de la fachada atlántica como Salé.

(Peñón de Vélez visto desde el mar)


En el Rif se mantuvo una piratería costera de baja intensidad que se limitaba a la captura de veleros inertes por las encalmadas propias del Mar de Alborán o que tuvieron la desgracia de encallar o naufragar en estas costas. Con la generalización de la navegación a vapor, las acciones de los piratas bocoyas fueron limitándose a episodios esporádicos como este que describimos. Con todo, hay que recordar que hubo sospechas en su día de que algunos de los supuestos episodios de piratería rifeña no fueron más que traiciones o ajustes de cuentas entre contrabandistas.


En cuanto a la zona en que se produjo el asalto al San José, el Derrotero de la Armada en su edición de 1893 avisa del peligro existente en la porción de costa entre Alhucemas y el Peñón de Vélez: " Aparte del riesgo de ser atacado por sus naturales, sería muy expuesto para un barco de vela el caer sobre este trozo de costa, arrastrado en medio de una calma por la mar de fuera, pues difícilmente podría librarse de estrellarse sobre una orilla tan brava. Así pues, conviene pasar muy lejos de ella".


(Pailebote Cala Millor en Puerto Noray, Melilla)



Los pailebotes eran embarcaciones de casco de madera que arbolaban dos o tres palos con velas cangrejas y foques que se dedicaban al tráfico de cabotaje por las costas españolas, norte de África y sur de Francia. Con el paso del tiempo se les fue dotando de motor a algunas de estas embarcaciones que como motoveleros estuvieron operando hasta casi la década de 1970.

Sus dimensiones iban de entre 30 a 40 metros de eslora, con 8 a 9 de manga y unos cuatro metros de puntal.

El San José tenía una tripulación de seis hombres, entre ellos el patrón, José Más Gallud, y su hijo de trece años Francisco, que iba como grumete. Salieron de Málaga el 20 de enero por la tarde con un cargamento de maíz propiedad de un comerciante de Alhucemas apellidado Banain. El consignatario del paileboat era el comerciante melillense Antonio Bernardi.



En la mañana del día 21 el barco quedó en una encalmada a unas siete u ocho millas del Peñón de Vélez frente a la cala de Busicú. En enero no son raros periodos de calmas en la zona del Mar de Alborán. Son las llamadas "Calmas de enero".


Con el barco inmovilizado por la falta de viento, vieron que dos cárabos se dirigieron a fuerza de remos hacía ellos, por lo que decidieron escapar en el bote salvavidas con rumbo al Peñón de Vélez, pero los cárabos se acercaron y abrieron fuego contra ellos por lo que decidieron para y volver al pailebote como les indicaron los rifeños. Una vez tanto tripulantes y piratas en el velero, esperaron a que se levantara algo de brisa para poner rumbo a la cala de Busicú


En el mencionado derrotero, se dice de Cala Busicú que se encuentra antes de llegar a la punta del mismo nombre que se halla a 13 millas al N78E de Cabo Baba - punta oriental de la ensanada donde se encuentra el Peñón de Vélez- tiene 5 cables de abra y se interna 4 cables para terminar en tres pequeñas playas y finaliza: "Aun prescindiendo de la hostilidad de los naturales, sólo podría servir para barcos de poco calado que buscaran abrigo de los vientos del E".


Cuando se estaba llevando a cabo el saqueo del barco y su carga, se vislumbró una columna de humo en el horizonte que creyeron los rifeños que procedía de un cañonero español de patrulla en la zona por lo que abandonaron el pailebote llevándose de rehenes al patrón su hijo y un marinero que fueron conducidos a un aduar tierra adentro.
Los tres marineros que permanecieron abordo, izaron velas y aprovechando una brisa que se levantó pudieron arrumbar al Peñón de Vélez, donde fueron socorridos.

Pocos días después, los piratas liberaron al patrón del pailebote y lo conducieron al Peñón para que desde allí fuera a Melilla a gestionar el pago del rescate exigido por su hijo y el marinero cautivo: 800 duros y un fusil. El Telegrama del Rif del día 4 de febrero recoge la llegada a Melilla de José Más en el vapor Gandía, que cubría la ruta entre Ceuta y Melilla tocando en los llamados "presidios menores". Estaba mandado por el capitán de la Marina Mercante José Orts.


El 13 de febrero, en el mismo periódico se publicó la noticia de la llegada a Melilla del marinero Guillermo Muñoz que había logrado escapar de su cautiverio aprovechando una noche de lluvias torrenciales y tras dos días andar escondido en las horas de sol y marchar oculto por la oscuridad de la noche, logró alcanzar el Peñón de Vélez guiándose por la luz de su faro.



Finalmente, el 23 de febrero publicó El Telegrama del Rif una entrevista con el joven Francisco Más que había sido liberado según el periodico por presiones diplomáticas y sin pago de rescate alguno. Francisco contó que fue bien tratado en su cautiverio y tuvo relativa libertad para moverse por el aduar. Sólo tenía quejas en cuanto a la alimentación que en todo momento fue escasa y pobre. Sobre su liberación relató que un día apareció en el aduar donde estaba recluido un rifeño que era conocido con el apodo de "Amorcito" y que mantenía buenas relaciones con los españoles y le dijo que se fuera con él ya que iba a liberarlo. "Amorcito" condujo Francisco al Peñón de Vélez, donde lo entregó a las autoridades militares.
Con esto quedó resuelto el incidente del pailebote San José que fue uno de los últimos casos de apresamientos de barcos españoles por los piratas rifeños.























































































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