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EL PRIMER CONTRATO DE TRANSPORTE MARITIMO ENTRE MELILLA Y MÁLAGA










EL PRIMER CONTRATO DE TRANSPORTE MARITIMO ENTRE MELILLA Y LA PENINSULA.

En 1858 año se sacó a concurso el primer contrato de transporte marítimo entre Málaga, Melilla y los Presidios Menores. La subasta para la adjudicación del contrato se convocó por Real Orden de 24 de agosto sin que se fijara fecha de ejecución hasta que por decreto de 5 noviembre se fijó para el 22 de diciembre de 1858, pero esta quedó desierta y hubo que convocar otra en marzo de 1859.
El precio máximo a pagar por el servicio sería de 340.000 reales anuales por dos viajes mensuales entre Málaga, Melilla, Chafarinas, Alhucemas y el Peñón de Vélez. Los días de salida de Málaga serían los 3 y 18 de cada mes con una vigencia hasta final de septiembre de 1864.
Entre las condiciones que debía cumplir el adjudicatario estaban:
El servicio sería prestado por un buque a vapor de hélice, de madera o hierro nuevo o en estado de primera vida desde su recepción hasta finalizar el contrato y capaz de desarrollar 8 nudos de velocidad (para la travesía entre Málaga y Melilla emplearía unas 14 horas en las mejores condiciones). Esto de lo de “primera vida” indicaba que el buque a la fecha señalada en el contrato, septiembre de 1864, y en base al estado del casco, aparejos y maquinaria, se le presumiría que le quedaban más años de vida útil que los que llevaba de servicio. La Armada sería la responsable de inspeccionar el buque. Tendría que tener una capacidad en bodegas para 200 toneladas españolas. De estas, 100 quedaban reservadas para el Ministerio de Guerra y las otras 100 a disposición del buque salvo en casos necesarios en que el ejército podría utilizar 50 toneladas más. El buque tendría que disponer de los adecuados camarotes, cámaras y sollados para la conducción de los pasajeros según su rango: jefes y oficiales, empleados civiles, soldados y presidiarios, así como familiares, eclesiásticos y viudas y huérfanos en su viaje de vuelta a la península. A estos pasajeros se le permitía una franquicia de equipajes de de dos quintales. No se hacía mención en el contrato de posibles pasajeros particulares. Para asistencia a los pasajeros y las tropas embarcadas tenía que disponer el vapor de aguada, medicamentos y demás necesario para atender casos urgentes e imprevistos. Con todo, las tropas deberían ir convenientemente racionadas. El buque transportaría la correspondencia pública y oficial por lo que tendría la consideración de buque correo.
La administración militar sería la encargada de remitir y retirar la carga con la debida diligencia para no retrasar la salida del buque “contando con el estado del mar donde los fondeaderos no presten la seguridad necesaria al anclaje, y en la inteligencia de que, llegada la hora que se haya anunciado la salida, zarpará sin incurrir en ninguna responsabilidad por que no le hayan recibido o entregado los efectos que conduzca o debiera transportar”.
La cláusula 12ª obligaba al capitán del buque a justificar con los documentos pertinentes ante el Capitán del Puerto de Málaga, las suspensiones de salidas, arribadas u otras incidencias motivadas por el mal tiempo.
La 13ª permitía que en caso de avería o pérdida del buque, el armador lo pudiera sustituir por un velero de igual capacidad de carga pero sólo por un mes cobrando igual por el servicio, a partir del mes se le rebajaría la tercera parte del precio estipulado y a partir del quinto viaje con el velero se le emplazaría a sustituirlo con un vapor o sería la administración quien fletaría un nuevo vapor siendo el adjudicatario del contrato el responsable del gasto originado.
La 15ª decía: “No tendrá derecho el contratista a indemnización alguna por pérdida del buque, ya sea por temporales, explosión de la máquina, averías de cualquier concepto y clase que sean, ni por acometidas, fuego de cañón o apresamiento de los moros rifeños u otros incidentes imprevistos, quedando a voluntad del empresario el asegurar o no el buque en las compañías establecidas para el efecto, según lo verifica el comercio”.
La 16ª y 17ª trataban de la realización del servicio en casos de guerra extranjera, epidemias y pestes que afectaran tanto a Málaga como a Melilla y los Presidios.
La 19ª especificaba que el vapor no podría dedicarse a otro servicio que el estipulado en el contrato, salvo acuerdo entre las partes. En este sentido, la cláusula 3ª permitía realizar viajes a Ceuta en casos de fuerza mayor. Estos viajes se pagarían aparte calculándose el precio de la milla navegada en estos viajes extraordinarios a prorrata del tanto de subvención que corresponda a cada una de las millas navegadas en los viajes ordinarios señalados en el contrato.
La 20ª rezaba: “El Comisario de guerra, Inspector administrativo de los presidios de África, será el agente o funcionario del Gobierno con quien inmediatamente deberá entenderse el contratista en todo lo relativo a la ejecución del servicio de transportes y el encargado de vigilar y hacer cumplir con exactitud las prescripciones del contrato”.
El pago del contrato venía especificado en la cláusula 22ª. Este pago se realizaría por mensualidades a partir del segundo mes de contrato, reservándose así la administración una mensualidad como garantía de la realización del servicio. Por otra parte, la cláusula 23 fijaba una fianza al contratista consistente en el valor del buque para responder a los posibles incumplimientos.
Hemos indicado antes que la subasta de 1858 quedó desierta, por lo que se fijó otra para el 16 de marzo de 1859. Para esta licitación se subió a 350.000 reales anuales el precio máximo por el servicio. Se añadieron dos condiciones al pliego adicional. Una ampliaba a seis meses el plazo para sustituir el buque en caso de pérdida o avería que lo imposibilitara para realizar el servicio y otra por la cual el estado se obligaba a recibir el buque utilizado en el servicio por su precio tasado por peritos de la Armada al finalizar el contrato.
Según Gabriel de Morales el primer vapor que realizó el servicio entre Melilla y Málaga fue el “Barcino” sustituidos por el “Rif” y el “Ceres”.
El vapor “Barcino” pertenecía a la Sociedad Anónima de Industria y Navegación, iba impulsado a ruedas con una máquina de 180 H.P. y arboladura de paquebote. Su eslora era de 55,2 metros, manga de 7,8 metros y puntal de 5,4 y una capacidad de carga de 302 toneladas. Fue desguazado en Barcelona en 1874. Estos datos me fueron facilitados por el Museo Marítimo de Barcelona.
El Barcino, cuyo casco fue construido en Francia y la máquina traída de Inglaterra, llegó a Barcelona en marzo de 1845. Con base en dicho puerto se dedicó al cabotaje con el sur de Francia y el Levante español y Andalucía. Durante la guerra contra Marruecos de 1859 fue fletado por el gobierno para el aprovisionamiento del ejército expedicionario.


CRUZAR EL MAR DE ALBORÁN.

El viaje a Melilla y los llamados presidios menores en aquellos primeros correos era una experiencia no exenta de riesgos e incomodidades que fueron plasmadas en algunos libros y artículos de prensa. De entre ellos, destacaremos la descripción de una de estas travesías que realizó Teodoro Fernández de Cuevas.
Teodoro Fernández de Cuevas y de Ramón fue un militar que estuvo destinado en Melilla a principios del siglo XX. Fruto de sus vivencias en nuestra ciudad escribió: “Melilla. Recuerdos de mi estancia (1902-1906)”. En dicha obra se recrea un viaje en aquellos primeros correos:
“ El “Ciudad de Mahón” pequeño vapor que hace la travesía de Melilla, esperaba amarrado al muelle, a que amainase el viento fuerte de levante y un suave balanceo a que le obligaba el mar que entraba por la bocana del puerto, hacía presagiar el terrible movimiento de fuera.”.
Tras esperar tres días a que amainara el levante zarpan para Melilla.
“Cuando llegué a él, ya el vapor había largado las amarras y sólo esperaba el correo para marchar. Hube de alquilar un bote, cuyos tripulantes, de lo más distinguido entre la numerosa pillería de los muelles de Málaga, aprovecharon para cobrarme tres pesetas y media, por navegar otros tantos metros en demanda del vapor.”.
Iniciada la travesía, los pasajeros empiezan a sufrir los efectos del oleaje.
“Este se hacía cada vez grueso y a los gritos de angustia de las señoras del pasaje, respondían crujidos de maderas que se desencuadernan, tintineo de copas, golpes secos, rastreo de bultos que resbalan de un lado para otro, llamadas del timbre, pasos acelerados de los camareros, fatigosas respiraciones y todo ese ruido especial que se produce a bordo con el mal tiempo.
Sentado en el alcázar, oía yo la barahúnda, horriblemente mareado y sin atreverme a penetrar en la cámara, pues el asfixiante calor, los malos olores y la desagradable coincidencia de tener que dormir sobre un banco del comedor, por estar ocupados por las señoras los camarotes, me infundían un verdadero pánico.”.
Al amanecer del día siguiente el correo arriba a Melilla que todavía carecía de puerto.
“A poco de fondear, se aproximan al costado del buque, algunas lanchas tripuladas por soldados marineros de la Compañía de Mar, unidad especial cuyos individuos se reclutan en igual forma que los del Ejército, dándose el caso, de que la mayoría de ellos son del interior de la Península y no han visto jamás el líquido elemento en que han de trabajar, hasta que visten el traje de marinero y empuñan el remo, lo que ocasiona el consiguiente trabajo, para oficiales y clases que han de hacer de ellos buenos marineros.
Embarcamos en una de esas lanchas, que nos condujo al muelle…”.
Fernández de Cuevas hace una pequeña descripción de las limitadas infraestructuras portuarias de Melilla y de su gente de mar:
“Constituyen la Marina, dos pequeños muelles, denominados civil y militar, por descargarse en ellos las mercancías que a uno u otro elemento vienen consignadas. En el primero, funcionan buen número de hombres de mar, que se dedican a la carga y descarga en botes o gabarras, cuando llegan vapores, en su mayoría franceses y a la pesca el resto del tiempo.
En el segundo, presta servicios la Compañía de Mar, unidad anfibia, como antes dije, pero que desempeña a maravilla su cometido en la carga, descarga y conducción de viajeros a los vapores correos, vigilancia de la costa y salvamento de náufragos, habiendo obtenido por esta última clase de servicios honrosísimas distinciones.”.



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